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CONSULTA: Durante todo el año no consigo deshacerme de los piojos

Consulta: Tengo cuatro hijos y durante todo el año no consigo deshacerme de los piojos, lo he probado todo,pero todo, y sobre todo una sola es imposible. Espero me deis un consejo, si necesito llevarlos para tratamiento.

Respuesta: Estimada Xxxx, Para erradicar un contagio por pediculosis  los métodos caseros han sido eficaces desde siempre. Eso sí, son realmente una tarea extremadamente rigurosa minuciosa y perseverante durante un periodo no inferior a una semana. En tu caso, además, multiplicado por 4. Los pasos que se deben seguir son:

Con todos los miembros de la unidad familiar y en el mismo día:

  • Inspección meticulosa y con buena luz (la luz solar es la mejor) en las raíces de todo el crecimiento capilar, con especial atención a nuca y detrás de las orejas. La cabeza debe estar limpia y sin enredos, y si está húmeda o se le aplica algún suavizante o aceite para el pelo, mejor, para que los piojos tengan una movilidad limitada (huyen de la luz agarrándose a los pelos). Una buena inspección no debe ser inferior a unos 20-30 minutos por paciente.  Ayúdate de una buena liendrera metálica, ya que las liendres son de entre 0,3 y 0,8 mm (apenas del tamaño de una mota de polvo o de una caspita del cabello).
  • Aplicar cualquiera de los venenos que eliminarán entre un 80% de las liendres  y 90-95% de los piojos. Nuestra preferencia en estos casos es la solución de Permetrina al 1,5%  de siempre, que ahora comercializan distintas marcas . Hay que seguir escrupulosamente las instrucciones del fabricante.
  • Terminado el tratamiento, repetir la inspección minuciosa retirando liendres y piojos muertos y vivos (un 10-20% habrán resistido).
  • Ese mismo día lavar toda la ropa de vestir y de cama a unos 60º, aspirar tapicerías y alfombras y cualquier prenda susceptible de alojar parásitos (abrigos,  bufandas, etc..). Los piojos son capaces de sobrevivir unas 48h fuera de un inquilino. Si bien las posibilidades de contagio por contacto con objetos es bastante menor, no es, ni mucho menos imposible.
  • Al día siguiente se debe repetir la inspección visual y mecánica con la ayuda de la liendrera.
  • Al cabo de una semana se debe repetir la inspección, ya con un carácter preventivo, y para comprobar que la serie precedente ha sido eficaz,y que no haya sobrevivido ninguna liendre que haya llegado a eclosionar en ninfa.

La fuerte resistencia de los piojos

De todos es conocida la inverosímil resistencia de los piojos. No en vano han acompañado a la especie humana a través de su historia y no ha habido ningún tipo de tratamiento que haya podido con ellos.

Los venenos más poderosos desarrollados contra esta plaga, las permetrinas, han sido tan mal utilizados y de una manera tan amplia, que ya en publicaciones de hace más de 20 años (THE PROPHYLACTIC USE OF PEDICULICIDES. 1990) de la universidad de Massachusetts, predecía la inexorable mutación de los piojos hacia la consecución de esta resistencia.

¿Cómo es esto posible?

Los fabricantes, es su lícito empeño de conseguir productos más efectivos y, aquí está la clave de la cuestión, usos más amplios. Una vez demostrada la eficacia de las permetrinas (con ratios de exterminios de hasta el 80% entre las liendres), se afanaron en conseguir que estos tuviesen efectos repelentes y pudiesen ser utilizados como preventivos. Las propias autoridades sanitarias hicieron entonces campaña a favor de estos productos como panacea de control de las infestaciones en los colegios públicos.

El resultado ha sido, es, que los contagios, que son básicamente fortuitos, se han seguido produciendo, y las poblaciones de parásitos que han tenido que sobrevivir en concentraciones soportables de permetrina han desarrollado las mutaciones genéticas que los inmunizan en algún grado. Lo mismo podemos decir de los tratamientos mal aplicados de manera recurrente en proporciones no desdeñables de población.

Dicho en el idioma que todos entendemos: Los estamos vacunando.

 

Pipiolos en TVE

Puede ver la entrevista a partir del minuto 13′ 45”.

La tolerancia al estigma

Ya está por casi todos superado el hecho de que el problema de los piojos no es, como se tenía asumido por las generaciones anteriores, un problema consustancial a la condición social o a los niveles poco exigentes de  higiene corporal. Por si queda algún despistado, el pediculus capitis o piojo del cabello humano  ha alimentado, a lo largo de los 5.000 años que hace que acompaña a nuestra especie, numerosos mitos, sobre la epidemia: Que si salta, que si vuela, que si vive en el campo, que  es cosa de niños, etc… El piojo es un parásito que sólo es capaz de sobrevivir en su huésped, alimentándose de su sangre, en condiciones adecuadas de humedad y temperatura. Cualquier otra consideración, por ejemplo sobre el nivel socioeconómico del huésped,  su edad, nivel de higiene personal o del entorno de este, es absolutamente prescindible.

Es decir, y para que se entienda claro: Si toda la especie humana  se pusiese de acuerdo para revisarse y desparasitarse al unísono,  se erradicaría el problema de una manera global y para siempre, por la sencilla razón de que no quedaría ningún foco de infección latente.  Estaríamos libres de esta plaga durante unos cuantos cientos de generaciones, hasta que alguna de los múltiples parásitos capilares de otras especies mutara y desarrollara la capacidad de hacernos de nuevo la puñeta. Pero seamos serios, si la especie humana hubiese desarrollado semejante capacidad de coordinación, obviamente la habríamos empleado en otros problemas más dramáticos y acuciantes como la pobreza o el hambre. Ya lo sabemos, los  problemas que realmente conciernen a cada ser humano son los suyos propios.

Y como ante todo problema no resuelto  por la falta de conciencia del colectivo, los individuos desarrollan mecanismos autojustificación para no hacer nada al respecto. Los más extendidos son dos, a saber:  1. “No es tan importante”; 2. “Lo que yo haga es inútil porque los demás no lo hacen”.  Estos dos mecanismos se suelen presentar  sincopados en una versión subconsciente evolucionada: “Si yo ya hago bastante con…” que es más difícil aún de corregir.

Volviendo al tema de los piojos, este mecanismo de la autojustificación subconsciente, aunado a la caída de los mitos estigmatizantes,  ha creado una nueva barrera a la lucha contra esta epidemia: El problema se ve ahora con más naturalidad. Se tolera. Hay familias que conviven de manera recurrente con generaciones de parásitos, y que si no fuera por la incomodidad del prurito no tendrían mayor problema que alguna que otra incómoda anécdota. En estos núcleos familiares laten los focos de infestación que esperan larvados la oportunidad de propagarse a través de los de los encuentros que propician los contactos de las cabezas como colegios, conciertos, partidos de fútbol, discotecas.

Las instituciones, y  especialmente los colegios se desgañitan pidiendo a los padres que hagan un ejercicio de coordinación, ya no a escala universal, para inspeccionar y desinfectar a sus familias en la esperanza que,  una correcta cultura de prevención basada fundamentalmente en una frecuente y correcta inspección , una limpieza expeditiva llegada el caso, y la conveniente comunicación inmediata al entorno que puede estar en riesgo de contagio, sea capaz de proporcionar la solución suficiente para que la convivencia en sociedad, ya de por sí compleja, no se vea, además, entorpecida por este tema.

Pipiolos en Canal Sur TV

Puede ver la entrevista a partir del minuto 7’00”.

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