La fuerte resistencia de los piojos

De todos es conocida la inverosímil resistencia de los piojos. No en vano han acompañado a la especie humana a través de su historia y no ha habido ningún tipo de tratamiento que haya podido con ellos.

Los venenos más poderosos desarrollados contra esta plaga, las permetrinas, han sido tan mal utilizados y de una manera tan amplia, que ya en publicaciones de hace más de 20 años (THE PROPHYLACTIC USE OF PEDICULICIDES. 1990) de la universidad de Massachusetts, predecía la inexorable mutación de los piojos hacia la consecución de esta resistencia.

¿Cómo es esto posible?

Los fabricantes, es su lícito empeño de conseguir productos más efectivos y, aquí está la clave de la cuestión, usos más amplios. Una vez demostrada la eficacia de las permetrinas (con ratios de exterminios de hasta el 80% entre las liendres), se afanaron en conseguir que estos tuviesen efectos repelentes y pudiesen ser utilizados como preventivos. Las propias autoridades sanitarias hicieron entonces campaña a favor de estos productos como panacea de control de las infestaciones en los colegios públicos.

El resultado ha sido, es, que los contagios, que son básicamente fortuitos, se han seguido produciendo, y las poblaciones de parásitos que han tenido que sobrevivir en concentraciones soportables de permetrina han desarrollado las mutaciones genéticas que los inmunizan en algún grado. Lo mismo podemos decir de los tratamientos mal aplicados de manera recurrente en proporciones no desdeñables de población.

Dicho en el idioma que todos entendemos: Los estamos vacunando.

 

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